Miraba el techo tratando de adivinar formas en la penumbra, una suave luz que ingresaba por la ventana era todo lo que necesitaba para perderse entre las formas de las volutas de humo que se dibujaban en el aire y cuyo origen era ese cigarrillo del insomnio que daba forma a sus pensamientos.
Qué hacer cuando no depende de vos?
donde ir cuando uno no puede moverse?
Cortaba el hilo de sus evocaciones con
los ruidos de una calle transitada aun a estas horas de la madrugada.
Una pitada más, una voluta más, un
minuto en el que reinaba el silencio y otra vez al ruido de su propia voz
interna que le decía lo que no quería escuchar.
No hay donde avanzar, es un camino
sinuoso sin salida. Las vueltas solo cansan, las vueltas solo ponen en su pecho
preguntas cuya respuesta es la misma puñalada que siente cada vez que ese
perfume o una mirada rompe con todo el valor que creía tener. Entendió que de
nada sirve la valentía en ciertas cosas, y que la cobardía no tiene lugar en
otras. También entendió que en los asuntos que ocupaban su consciencia esta
noche, ninguno de estos opuestos eran armas para enfrentar lo que estaba
comenzando a encarar.
Sabía que las palabras en su cabeza se
desdibujaban por memorias o anhelos que no formaban parte de su realidad. Y ahí
radicaba el problema, y es que la realidad que a veces intentaba ignorar era en
la que estaba sumido y era la que le decía a cada momento que nada es como
queremos, las cosas son solo como son. El destino no existe. No hay nada
escrito de antemano, pero (siempre hay un pero) solo podemos escribir lo
nuestro.No podemos escribirle el guion a nadie. Los otros habitantes de este
círculo no son vos, son ellos, son otros, otras inquietudes, otros gustos,
otros placeres, otros ojos que ven tal vez otra realidad.
Se incorporó decidido. Se dispuso a
escribir, tenía que anclar las palabras para que no huyeran en una voluta
efímera y se encontró con que no hay nada más inmenso que una hoja en blanco.
Aun así se encomendó a la tarea de volcar las letras que lo ayudaran a
apaciguar la amargura. Evocó recuerdos y momentos, intento encontrar las
conexiones, de mitigar las diferencias, intentó sin éxito buscarle explicación
a cosas que parecían escapar de toda lógica. Busco en su razonamiento una forma
de ordenar las desparejas líneas que manaban de ese orbe difuso que tantas
veces había sido su luna. Tomó las piezas de este rompecabezas, las comparó, las
desechó, las volvió a poner una al lado de la otra. No tenia forma, no
respondía a ninguna silueta razonable y entonces, de repente, y mientras se
preparaba a encender otro vicio gris, lo vió. Lo entendió y se presentó ante él
tan claro e inmenso que se maldijo por no haberlo visto antes. Estaba buscando
razones en un pozo que no se había llenado con la cabeza, sino con latidos.
Comprendió que lo mas difícil es
aceptar que sabes, que no es lo que queres, sino lo que es. De nuevo no supo que
hacer, congelado en la cálida noche de noviembre. Lo tentó el bosquejo de una
huida, de mirar para otro lado, de no sentir. Pero no se puede no sentir, no
tenemos control sobre algo tan grande. Estúpido de él, tratando de nadar contra
mil corrientes con solo dos brazos cansados y una cabeza embotada. Estúpido de mi queriendo escribir lo que no entiendo como sentir
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