Un día más en su planeta, el surfeaba entre olas de rutina, caminaba esquivando sensaciones repetidas y faltas de sentido, era todo parte de un gran mecanismo automático, los días parecían tan iguales al anterior que a veces no se percataba si avanzaba en el tiempo o no.
Entre una pirueta de tinta y una caja de responsabilidades horarias se asomó ella, presumidamente tímida dando un primer paso en un universo incierto. El siguió con sus malabares sin prestar demasiada atención, no era razón para interrumpir su ruta de cada día, saludo cordialmente y acto seguido anoto al pie de una hoja: "enviar por correo mañana".
Nada cambió en ese momento, al menos él no lo notó, no podía imaginarse que un cielo encima suyo empezaba a tomar forma. Siempre mirando al frente se vio sorprendido por un intercambio dialéctico poco habitual, aquella niña tímida parecía pasearse con libertad desordenando un poco el orden metódico que el intentaba sostener.
Poco a poco ella fue sorteando un camino no transitado hace tiempo, él intentaba permanecer concentrado en su habitualidad, pero cada vez que miraba, la descubría escabullendose por entre los hilos de esa red de apatía que había construido como defensa. Ella sonrió, el no pudo hacer mas que devolverle la sonrisa, no supo porque, pensó que estaba loco, que debía haberse levantado con el pie izquierdo, analizó, se miro al espejo mental....no, no había nada raro, le había devuelto la sonrisa por pura inercia, la sonrisa de ella había provocado instantáneamente una reacción en su alma, lo había impulsado a sonreír.
Sus días se continuaron, se sucedían el la inmensa metrópolis, pero algo había cambiado para él, rastros de color se dibujaban sobre el blanco y negro. Una mañana despertó con una sensación extraña, un pensamiento tácito, un cosquilleo en...bueno no sabia bien donde cosquilleaba, pero parecían ser las ganas de algo, de verla....de verla? ahí se dio cuenta que estaba pensando en ella sin saberlo, pero cual era la razón? tenia que haber una razón, no se podía escapar a la lógica maquinal con la que funcionaba su mundo, no señor, tenía que haber una explicación para aquel asalto del pensamiento. Sacudió su cabeza y pensó que una lavada de cara era lo que necesitaba para volver a pensar claramente. Fue al baño, abrió la canilla, formo un cuando con sus palmas y junto el agua necesaria para darse ese pequeño chapuzón que despierta a todos del letargo de una noche de descanso. Después de empaparse el rostro se miro al espejo buscando la satisfacción de verse como siempre, sacado de la modorra y con la mirada ávida de otro día...pero lo que le devolvió el espejo frente a él no era lo que esperaba...estaba sonriendo? volvió a mojarse la cara, seguramente seguía dormido...pero no, estaba bien despierto y con un atisbo de sonrisa aun en sus labios.
Desayuno esa mañana, sentado mirando a la ventana, sin prestar atención a que el pronostico en el noticiero matutino anunciaba una tormenta, sus ojos se perdían en grises azules infinitos, sin ver, solo esa sonrisa que encontró en el espejo ocupaba su mente. Abrió su cuaderno y comenzó a garabatear esa rutina de cada día, y hasta parecía que era uno mas, hasta que de nuevo se encontró mirándola, ella saludo, el agito su mano timidamente, y después de seguirla con sus ojos la dejo perderse en la acera. Caminó velozmente hasta el bar, pidió el trago de siempre a la hora de siempre, charló de los temas habituales y como siempre dejó tres monedas de propina al salir, abrochó su campera y al abrir la puerta escucho el primer estruendo. El cielo anunciaba que hoy la tierra tendría agua una vez mas. Se maldijo a si mismo porque no recordaba haber visto un anuncio en el noticiero que lo advirtiera de aquel inconveniente. No tenia paraguas, su ropa se iba a mojar y el frio aire lo iba a enfermar. En todo esto pensaba mientras miraba el reloj y veía que llegaba justo a tiempo a la parada del bus que lo llevaría de vuelta a su refugio. Miro hacia los lados al cruzar la calle y sintió que una gota caprichosa rebotaba justo en su nariz, salpicando sus lentes. Se los quitó y procedió a secarlos cuando la lluvia cayó de repente sobre su cabeza, un hombre paso por su lado apurando el paso para no mojarse y sin querer lo empujo contra el poste de luz. Se quedó esperando las disculpas que nunca llegaron y mientras refunfuñaba vio el semáforo cambiar de color. También vio algo que lo alarmó aun mas. El bus estaba en la parada y el no podía alcanzarlo, intento cruzar, pero había demasiados autos circulando. Levantó su mano pero nada parecía poder detener aquel transporte egoísta que iba a dejarlo varado a la buena de dios bajo el diluvio. Cuando pudo cruzar ya era tarde, camino cansadamente hasta la parada, ahora vacía y gris, como el cielo oscuro que se empeñaba en dejar caer aquel liquido vital que hacia que su ropa pesara una tonelada. Esto no le había pasado nunca, estaba contrariado, no estaba siendo lo que era, su mundo estaba fuera de sincronización con él, todo por ese maldito pensamiento matutino, si, debió ser eso que lo retraso y lo ocupo mas de lo debido. Mió nuevamente su reloj, las agujas negras sobre el fondo blanco le contaban que faltaba un buen rato para que apareciera el próximo transporte, miró en lontananza por la avenida, pero todo era gris como siempre y hasta mas desolado por la lluvia. Sin embargo algo se coloreo a su lado, un reflejo rojo se coló por el lateral de sus lentes. Se giró perturbado y ahí se encontró con esa mirada...jamás confesaría, ni aun a su mas intimo relato, que se sintió invadido por un calor que se llevo todo el frío de la lluvia, jamas confesaría que sintió que su reloj se detenía, así como jamas en su vida podría volver a ver algo que igualara a aquellos ojos que se posaban en él, que lo miraban con una luz alegre. De repente comprendió todo, entendió que no había nada que entender, que la razón no sirve cuando un día de lluvia y frío que no esperabas, se transforma en el mas cálido y acogedor que pudieras soñar. En ese momento abandonó a la razón que lo regía, la dejo ahí esperando bajo la lluvia, mientras el no paraba de mirar esos ojos, de sentirse fuera del mundo, de sentirse como nunca antes, y ahí en ese momento, frente a ella, sonrió.-
Sebaz.-
