Sórdidos ecos que se escuchan al pasar, tras nubes de humo que flotan en el interior. Un tic tac remolón que se apura por no perderle pisada a los segundos que lo preceden. Es todo tan efímero a veces, todo parece medirse en tiempo que no es tiempo, que es lo que dura la ilusión, desde que te deslumbra hasta la epifanía que le cortará las alas.Nada fue distinto esa vez para ella (o al menos eso esperaba), chocando una pared mas, esquivando columnas pero de narices contra ese muro de la realidad. Pero esta vez no sangró, dolió pero pudo ponerse en pie sin lamentarse mas de lo que debía, tal vez acostumbrada, tal vez resignada. Ella comprendía que él, que ese muro ya no estrujaba su corazón. Se asustó, temió estar perdiendo el sentido de sentir, ya no sentía que el pecho se le oprimía, ya no le costaba respirar el aire viciado. Pensó, re pensó y volvió a pensar....y se dio cuenta que pensar era lo único q estaba haciendo, que no estaba concluyendo sino sumando mas y mas cosas a esa cabeza que contra una fuerza centrifuga intentaba ordenarse. Se puso de pie, miro hacia el frente como se había propuesto hacerlo hace tiempo, y en el instante en que pretendía dar su primer paso...algo cambió en ella, y por fin levanto la vista al cielo. Se dio cuenta que estaba perdiendo mucho mas que cuando chocaba contra las paredes, por estar obstinada en continuar tratando de alcanzarlo había olvidado que los caminos no se hacen para pisarlos y nada mas, los caminos hay que vivirlos, hay que disfrutarlos, porque ayer ya paso y porque mañana ya es tarde. Es el ahora donde hay que vivir, es el ahora donde debía buscar eso que siempre quiso encontrar. Ya era de noche, hizo un alto en su camino, se tiro en el pasto frió para contemplar como las nubes se corrían gentilmente dándole paso a las estrellas mas luminosas que recordaba haber visto. Pensó en el, en como el le ofrecía esa luz de la que ella había quedado encantada, lo veía alejarse, mirarla, acercarse y cuando estaba a punto de abrazarlo...desaparecía, la miraba de lejos, le regalaba un reproche, una excusa mas...ella quedaba con los brazos al viento ofreciendo otro desabrigado desencuentro. Divago en las estrellas y despertó, seguía allí acostada al costado del camino y por fin comprendió que solo estaba viviendo una parte de su vida, viendo una sola linea del camino, entendió que aunque se sintiese extraña y alienada en ese lugar al que la vida y las oportunidades la había llevado, aun ahí había algo para llenarla, para sumar cosas que realmente necesitaba, para ampliar su visión, para correr el horizonte mil veces mas allá, para perseguir una utopía magna, la utopía de ser feliz. Ya amanecía, el cielo aclaraba, los primeros rayos iluminaron su rostro y una vez mas, tal como lo había hecho alguna vez, pudo sonreír mirando a su alrededor.-
·Sebaz·