Telaraña de placeres fútiles, simples preguntas a respuestas sin razón. Otro retorno copiado de uno ya vivido, vacía sensación de otro final repetido en el espiral ascendente de los días. Nuevo sol, viejas malas costumbres enredadas en los hilos de vicios latentes. Subido al tren de una solitaria falta de ganas, con un boleto doble de ida y vuelta sin acompañante ni estación de destino. Rumores fantasmas y gritos silenciosos de un alma gastada y roída por la soledad presente en mil recuerdos inútiles. Casi sin darse cuenta mirándose al espejo de un tiempo que supo ser mejor, otra vez la maldita luz que deja ver el espacio vació, y el humo de un cigarrillo mal apagado que deja en el aire las cenizas de esta realidad cargada de ficción. Sinápsis incansables que lo llevan hoy donde ya estuvo alguna vez, aunque hoy transita sabiendo que no es el mismo, y que si ya no le hacen daño las promesas incumplidas de siempre, es porque tampoco encuentra esas pequeñas cosas que lo hacían sonreír. Y mas aun en esa laberíntica insatisfacción de caminar sobre un sueño impalpable.Y todo vuelve a comenzar una vez mas, intenta avanzar, o por lo menos eso cree, gira hacia la izquierda y entre la falta de equilibrio por un paso mal dado, trata de buscar en el horizonte esa estrella que lo salve de la apatía, nueva frustración, nuevo pasillo sin emoción entre estas aberturas del tiempo, ese tiempo que, según leyó por ahí en el muro de los consuelos, todo termina por curarlo.
Camina una vez mas (algunas veces le parece estar haciéndolo tras sus propios pasos), suaves brisas cada tanto acarician su rostro, pero nada lo toca, todo es tristemente helado, la llama de su alma se consume en el extremo de un cigarro inexpresivo. El humo solo ofrece un difuso descanso, efímeros momentos de exaltadas angustias.
Otra vuelta mas, otra pared al final del pasillo, otra encrucijada. Poco para elegir (sin volver atrás), ese atrás de donde hoy pretendía escapar pero que lo tienta con volver. Él bien sabe que la meta no está allí, que solo fue un oasis que le calmo la sed en ese desierto, pero que también le otorgo mas inercia, menos posibilidades de frenar al enfrentarse con esas paredes, mas miedo a volver a chocar, indescriptible temor a ser un pequeño insecto, perdido y enredado en esta telaraña de un paseo matinal.-