miércoles, 21 de mayo de 2008

Dualidades efímeras

La luna tímida de una noche nublada se asoma entre los pliegues almidonados del techo gris, las estrellas ni siquiera dicen presente en este cielo opaco que parece tener una carga mucho mas pesada de la que muestra. Hoy en el universo de sus vidas todo exploto, ya quedan pocos restos de aquello que un día pareció majestuoso y omnipotente.

Él esta sentado, débilmente iluminado, planeando su obra en silencio, distraído del mundo, sumido en un placer creativo que lo aleja de todo ruido existencial. Sonríe, se enoja, piensa, tararea una nostálgica melodía. Se dispersa, se levanta, ordena sus cosas sobre el escritorio, dobla su ropa y la deja sobra la silla, mira su cama destendida y vuelve a sentarse.
Él, su otro él, está tumbado boca arriba en una cama, mirando el techo que parece alejarse de su presencia confundiéndose con lo borroso del cielo. Pensando sin cesar en las mil y una cosas que se le representan a la vista, contando las veces que decidió salir de todo, las veces que pensó en terminar con todo para dejar de sentir que ella le faltaba; y hoy, hoy los cruzó el destino y en un abrir y cerrar de ojos todo esta jugado, todo sobre la mesa. El techo sigue confuso, gira la cabeza para enfocar la vista, sus pupilas se reducen para no ser cegado por la luz del velador de su escritorio.

Ella está parada frente al espejo de sus sueños, se mira y se reconoce, un rápido retoque a su cabello basta para devolverle su rebeldía, apila sus papeles y suspira al ver la cantidad que hay. Mira con desinterés su mesa de estudio y carga contra la cama que la espera ansiosa de sentir su calidez.
Ella, su otra ella, está sentada enfrentando el desafió de haber cruzado la frontera y seguir avanzando para dejar todo atrás, pensando en silencios atroces que se regocijan en sus oídos, pidiendo disculpas sin saber a quien y esperando que el nuevo sol traiga aires de alivio y reconstrucción, mirando hacia la ventana recordando que con él vió amanecer, extrañando la cama que no visitara esta noche, hay mucho mundo en el remolino de la vida para poder dormir hoy.

Él, su otro él, ya acostumbrado a la luz, ve a alguien allí sentado en la penumbra, sumido en un mundo que construye para si mismo. Lo mira pero no lo reconoce, no quiere aceptarlo. De repente recibe el reflejo de aquellos ojos en los suyos, Son los ojos de Él, la mirada los une, son piezas de un todo del que ninguno quiere formar parte.

Ella, su otra ella, observa las sabanas desordenadas, hay algo ahí acurrucándose escapando al frió de esta nublada noche de otoño, hay alguien, alguien que la observa creyendo que ya es parte de un sueño que empieza cernirse. Ella sabe que no esta dormida, pregunta sin preguntar quien es la que esta sentada en la silla observando su mundo, el puente que se crea entre ellas tiene la misma huella, pero ninguna de las dos aceptara haberse visto jamás.

Historias de dos minutos. Historias que jamás se cruzaron ni se cruzaran y que son solo residuos del recuerdo, tibios resquicios de cada pequeña vida. Momentos que no sirven para nada, pero que en su desafortunada vida se desangran para que otros logren el titulo de inolvidables.



1 comentario:

Damián Fernández dijo...

Hay que dejar constancia de esto vio?
Mira como te dejo comentarios en italica
y sigo escribiendo asi como un loco de la guerra :P
Este coso de mierda no me deja armar una tabla en html :P JAJAJA