Miro la luz a través de mi ventana, otro día entre la maleza ficticia, un nuevo amanecer en la rutina, otro día más para que falte un día menos, un día más lejos y un día mas cerca. Afuera la claridad uniforme opacada por nubes esporádicas que danzan en una tarde de otoño, sutiles baches de cielo que desgarran un jirón en su tela eterna. Yo aquí de este lado de la ventana, un domingo más, un último segmento en el ciclo que se repite desde hace demasiado. La mayoría de estos finales son iguales, grises, melancólicos, nostálgicos y solitarios. El de hoy no parece ser la excepción, pero igualmente hay algo que me trae paz y confortabilidad a este vapuleado espíritu dominical, no sé que es ni quiero buscarle explicación solo quiero disfrutar de esos momentos, momentos que se sucedieron en las ultimas horas, olvidar todo el entorno y ser instantáneo, saber que la vida se recuerda por esas cosas que le dan sentido, la eternidad es facilmente repetitiva, los momentos son únicos e irrepetibles, nada puede robármelos, nada puede hacértelos olvidar.Todo gira en torno a un cielo estrellado que estará ahí después de que las nubes se hayan marchado, aun en la tormenta, todo puedo verlo hoy a través de mi ventana en una soledad acompañada, yo junto a este sentimiento de bienestar que hoy no deja que sea un domingo como todos los demás, es solo un día de transición, una tarde que profundiza la vida en el tiempo, un reverdecer de un nuevo comienzo, un acto de divisar algo ahí afuera. Algo que me lleve en sus alas a vivir instantes eternos.-
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