jueves, 6 de marzo de 2008

Un día como cualquier otro


Él estaba sentado como siempre, hundido en su aterciopelada ilusión, como todos los días, como pareció haber sucedido desde el principio de la existencia. Su mente se encontraba enfrascada en un trivial debate dialéctico, solo un par de enunciados por vez, pero que lo ocupaban como siempre en esas noches en las que no había demasiado en que pensar, y como cualquier día que pudieras pasar a observarlo, tan inmutable, tan igual, sumergido en un ritual que se renovaba cada vez que el espiral del tiempo le construía un nuevo día al calendario.
Allí estaba él, allí recibía los constantes mensajes cifrados en dualidad de variables, con combinaciones exactas, allí su mente día a día, noche a noche, los descifraba y les regalaba un sentido. No era nada extraordinario en realidad, es más, muchas (demasiadas) personas tienen la habilidad de hacerlo, él lo sabía, pero no lo iba a dejar por eso, era su forma de ver morir los segundos y no parecía afectarle ni tener otro sentido. Todo era siempre de la misma forma lineal. "-hola ¿como estas?", "-bien, ¿y vos?", cruces habituales de mensajes trillados. Siempre la misma pregunta, siempre la misma respuesta. No parecía tener otros matices, mensajes desconocidos q se intercambian por otros con la misma apariencia, la mayoría vacíos y sin otro fin que codificarse y ser decodificados.
Ella llegó un día ¿o una noche? a él le era difícil diferenciarlas, llegó haciendo la misma pregunta que tantas veces había recibido. La respuesta no causo conmoción en su mente, fue la misma de siempre con la misma imprecisión, pero que a partir de ese momento cambiarían como nunca sus debates dialécticos, todo cambia en algún momento, todo se transforma, aunque hay pocos que se enteran de eso. Ese día nadie se entero, ni siquiera él se percató, ni ella lo supo ( aunque luego creyó que si).
El tiempo continuó enrollándose en su infinito torbellino ascendente llevándolo a él y a sus hábitos, las hojas cayeron de los débiles arboles, pero sorpresivamente la primavera llego a su universo antes que a los demás lugares. Ya no estaba sentado en un trono absurdo, era libre, podía volar en las alas de una promesa que lo invito a volar. En un principio el temor a las alturas lo hizo dudar, ya se había golpeado lo suficiente no hacía mucho, pero las alas lo convencieron, no había cielo que no pudiesen alcanzar juntos. Él ya no pensaba en malgastar sus segundos, solo pensaba en lo bien que le hacia sentir el aire en su rostro, esas alas finalmente lo hacían feliz...o eso parecía...
Él nunca supo como sucedió, no lo vio venir, el cielo cambió. Ella lo sintió, tenia idea de lo que pasaba y no supo como decírselo, solo dudo...
Él simplemente vivió las cosas, escucho el trueno en una nube cercana, sintió el relámpago golpear su pecho, sus temores se volvieron concretos, la caída era una vívida realidad.
Hoy...Hoy se encuentra sentado allí donde siempre, arrellanado en una desgastada y maltrecha ilusión, hoy se sume en incontables debates cifrados otra vez. Hoy ella lo encuentra cada día allí y cada día le hace la misma pregunta con la que cambió su suerte, pero ya nada es como antes, hoy él dirá "-bien, ¿y vos?", él hoy mentira su respuesta porque no esta "bien" esta....diferente, pero lo hará y continuará sumido en su gris trono sin corona mientras una parte suya seguirá cayendo, tal vez esperando ser rescatado por esas alas confundidas o tal vez aguardando el impacto final.-

·Sebaz·

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